miércoles, 8 de julio de 2009

yo también quiero calentar pantuflas

Si hay algo que no me van a poder sacar de la memoria son los recuerdos de los días de primario en que me enfermaba y me tenía que quedar en mi casa. Eran días de disfrute a tiempo completo que se desarrollaban en varios actos, con ingresos y salidas de escena casi cronometrados.

La obra comenzaba conmigo denunciando algún malestar que justificara ausencia a clase justo en el momento en que mi mamá trataba de sacarme de entre las sábanas. La toma de temperatura y el interrogatorio materno sobre síntomas ya valían oro porque me aseguraban, por algunos minutos, no tener que salir de la cama a esas horas de madrugada y con el frío helado del invierno de aquellos años. El veredicto que resultaba en visto bueno para quedarme en cama era un boleto directo al Paraíso.

La escena seguía con ver y oír a mis hermanas salir al colegio dejando, al cerrar la puerta de calle, un silencio tan vasto que hacía de la habitación un lugar irreconocible. Por un rato me quedaba luchando contra el sueño para seguir disfrutando de ese nuevo espacio y de esa ausencia de sonidos. Hasta que el sueño ganaba, sin ninguna duda y con mucha menos pena.

Subía el telón nuevamente a eso de las diez de la mañana con el ingreso de mi mamá que me traía una leche caliente. En el ratito que me llevaba desayunar, ella me hacía cambiar de cama para hacer la mía primero y luego seguir con las demás. Ésa, y no otra, era la mejor escena de la obra. Era saberme en casa un día de semana. Era ver a mi mamá acondicionando la pieza. Era volver a meterme en la cama recién tendida. Era disfrutar la leche caliente con azúcar. Era ver y sentir el particular sol de invierno que entraba por la ventana. Y era saber que esa situación se repetía casi como un ritual cada vez que me enfermaba.

Cuando mi mamá se iba de la pieza yo volvía a dormirme hasta el mediodía, momento en que me traía la sopa a la cama. El resto del día, perdón, de la obra, era ya una sucesión de dormir y despertar hasta la llegada de mis hermanas un rato antes de la caída del sol. Las recibía en déshabillé, sintiendo, tal vez, lo mismo que siente alguna figura de la nobleza cuando recibe a sus invitados en su palacio vistiendo sus mejores atuendos.

Fin de la obra y baja el telón porque ahí se me terminan los recuerdos particulares. Supongo que jugaríamos como cualquier día después del colegio, haríamos la tarea, nos organizaríamos para bañarnos y cenaríamos antes de regresar a la cama.

Todo esto era hermoso en sí y era hermoso, además, por un motivo especial, un motivo ajeno al sabor de la leche, a la sensación de cama recién tendida y al calor del sol en la habitación: sucedía pocas veces. Y por eso lo vivía como si fuera un cuento de hadas.

Entonces, cuando agito la bandera de "quince días en casita para todos con la excusa de la emergencia sanitaria", no me vengan con eso del bodriazo de quedarse encerrado, de lo horripilante que resulta trabajar desde la casa y de las desventajas provocadas por la falta de sociabilización, sin contar los inconvenientes que nos puede acarrear el letargo más absoluto. No me vengan con que después del cuarto día de mirar series sin parar buscarían suicidarse cortándose las venas con migas de alfajor. No propongo encierro eterno ni trabajo a distancia para siempre. Propongo quince días diferentes, en piyama y con pantuflas. Como cuando nos enfermábamos de chicos y nos quedábamos guardados. Sólo que ahora la casa y la compañía son otras y nuestro estado completamente saludable, por lo cual podríamos saborear una leche caliente con azúcar y disfrutar todo el sol de la mañana que entra en la casa. Si conseguimos no dormirnos, claro.

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8 comentarios:

  1. Qué mejor que el calor del hogar, la tranquilidad de lo cotidiano, la nobleza de lo propio.

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  2. Ah, una duda. ¿No la hacían ir a buscar a casa de algún compañerito las cosas que habían dado en el día, cuando faltaba?

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  3. A mi me trae los mismos recuerdos!!!
    No entiendo a los que no pueden quedarse en casa y disfrutar el no hacer nada...para mi los mejores momentos.
    Por un gripe, no A, me quedé 4 dias en casa, y como disfruté a mis hijos!!!...como hacía años que no lo hacía... ver mi casa con el sol de la mañana, los programas tontos de la tele, seguir en camisón al mediodia.
    saludos, ya sin gripe, hoy ya trabajo :(

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  4. ¡Qué lindo! Más gente que disfruta quedarse en la casa, aunque se esté enfermo. Me siento menos sola :)

    Ana, qué bueno que hayas disfrutado de tus hijos y de tu casa y que te hayas mejorado. ¿Qué significará esa agradable sensación de encontrarse al mediodía en camisón en la casa un día de semana? Sigo tratando de ponerle palabras...

    Neto, por lo general alguna de mis hermanas se encargaba de pedirle la tarea a algún compañerito, así que no me tocaba ir a buscarla a sus casas. ¡Alguna ventaja tenía que tener compartir madre y padre!
    ("la nobleza de lo propio" me encantó. Qué certero que estuviste.)

    Saludos para ambos

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  5. Me encantó lo que escribiste, Shirubana. Recuerdo que de chico, luego de haber ido al cine a ver E.T. (todo un emocionante evento) me quedé colgado con la escena en la que Elliot calienta el termómetro en la lámpara para simular fiebre. Creo que nuncá me animé a hacerlo y en cambio desarrollé la habilidad de generar fiebre casi por propia voluntad. Sabía (o creía) que los termómetros americanos que se ponían en la boca tenían una mayor sensibilidad a los nuestros que se ponían en las axilas.
    Recuerdo también con cariño cuando mi mamá me cambiaba las sábanas y el placer de acostarse afiebrado en una cama recién hecha.

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  6. Shirubana, dígame donde tengo que firmar el petitorio.
    ¿Habrá quorum para extender esto a treinta días?

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  7. Hola Dennis. Recuerdo muy bien la escena y tampoco me animé a reproducirla. En mi colegio circulaba el rumor de que ponerte papel secante en las plantas del pie también te hacía subir fiebre, pero tampoco lo intenté. ¡Nadie me contó de tu técnica a pura voluntad! Así habría acaparado madre muchas más mañanas. Pfffff....
    ¿Viste qué placer acostarse en la cama recién hecha? En casa la hago de vez en cuando para que no deje de ser un evento destacable, je!

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  8. The Bug: pues si le parece, empecemos firmando acá, a por el mes completo. Si llegamos al millón yo mismita llevo el petitorio al Congreso. ¿Qué me dice?

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