jueves, 26 de marzo de 2009

dime como te llamas y te inventaré otro nombre

No sé si será porque mi nombre es muy largo o porque tengo cara de "me gusta que me pongan sobrenombres", pero lo cierto es que a través de los años he tenido montones de apodos inventados por mi entorno, casi ninguno relacionado con algún defecto, habilidad ni característica física. De todos ellos hay dos que siempre adoré y que por suerte siguen vigentes.

El primero encuentra su origen en Figuana, la palabra más parecida a mi nombre que consiguió pronunciar uno de mis primos cuando todavía era del tamaño de un escarpín y las consonantes le complicaban la lengua. También yo era chica entonces, por lo que años después me han tenido que explicar de dónde había salido eso de llamarme Figua. Desde esa época la usan con bastante frecuencia mis abuelos, con menos frecuencia mis tías maternas y muy de vez en cuando mi mamá.

El otro va contado por puño y letra electrónica de mi papá, quien tiene los derechos del nombre y la exlclusividad absoluta para llamarme así:
'Tendrías 4 ó 5 años; creo que mezclo las situaciones, pero es más o menos así: estábamos esperando que te atendiera el pediatra (o fue unos días antes) que vos te me acercaste, y en tono de confidencia, con voz bajita y hablándome cerca del oído, me dijiiste que habías aprendido una canción nueva. ¿Te la canto? Bueno te dije. Entonces empezaste a cantar "Yo tengo un elefante..." Me causó mucha ternura el tono con que la cantabas; cantaste bajito y casi al oído. Además la canción me pareció buena; no la conocía. Creo que solía pedirte que me la repitieses. Un día fuimos al pediatra y te preguntó como te llamabas y creo que le dije que te llamabas Silvana Topita, porque cantabas una canción...que el pediatra inmediatamente se puso a cantar. Bueno, desde ahí creo que quedó establecido lo de Topita.'

Pese a que toda mi familia conoce estos nombres, ninguna de mis hermanas osaría llamarme Figua ni mi mamá Topita. Pero no porque lo hayamos propuesto ni porque se haya planteado alguna vez. Sólo resultó que su uso quedó restringido a sus mentores, algo que me resulta tan curioso como genial. Y me encanta descubrir en estos momentos que los dos fueron pronunciados por primera vez con la voz aguda de los niñitos.

Sobrenombres con historia, ¡vengan a mi! (o sea... pasen y cuenten los propios)

8 comentarios:

  1. Nunca me han puesto sobrenombres en mi historia social, solamente que han usado a veces más de lo debido un apócope de mi verdadero nombre. Pero ahora recuerdo que mi Padre me llamaba de una manera muy extraña, un neologismo que estoy casi seguro de que no tiene una historia racional como los tuyos. Me llamaba "Pichi", apodo común y de apariencia ordinaria si no fuera que en verdad era el apócope del extraterrestre apodo "Pichirulachi".

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué interese la propuesta!, el extracto de memoria sintetizado es excelente. Aunque me fascinan los sobrenombres, casi nunca me atrevo a llamar a la gente de tal manera.

    Por mi espíritu antisocial, mis primos todavía me dicen «Malu», y el nombre completo es «Malu-Malu». Sólo vieja me dice «Chelo», además, cuando se refiere a mí en 3ra soy «El Chelo».

    En la secundaria terminé llamado «Grillo».

    ResponderEliminar
  3. Dennis,
    ¡Tan extraterrestre como tierno!
    Hace poquito, en un libro, aparecía el apodo "Pichiruchi", que me pareció extrañísimo. Ahora tengo la sensación de que fue parte de un entrenamiento en extrañeza de apodos para poder entender el tuyo, que está en el nivel 2.

    ¡Gracias por participar!

    ResponderEliminar
  4. ¡Muchas gracias, Adrián!
    Me encantó lo de Malu. Refleja bien lo de antisocial sin dejar de ser un apodo cariñoso.
    Respecto del uso de sobrenombres, me pasa exactamente lo mismo. A lo sumo, y después de años de relacionarme con alguien, me atrevo al apócope.

    ResponderEliminar
  5. Mac
    Un accidente con lapiz labial y mi tez muy blanca dio la idea de yo ser la parje aideal de Ronald McDonald... McAna... Mac

    Creo que sin quererlo... evoluciono a Rouge. Si, me siguen agradando los labiales rojos.

    ResponderEliminar
  6. Bienvenida, Rouge. Buenísimo el proceso que sufrió MacAna. ¿Conocés esos juegos en los que tenés que partir de una palabra y llegar a otra (ambas con igual cantidad de letras) cambiando sólo de a una letra en cada paso pero que en cada paso la palabra formada exista? Bueno, con esto que contás, creo que perdemos todos.
    Por otra parte, intuyo que serás una diestra habitué del labial. De otra forma no me explico que un accidente de este tipo, que a otras nos sucede cada vez que nos atrevemos con las pinturas, te haya dejado un apodo como cicatriz.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  7. mircalla :[2/4/09 2:16

    Mi caso es parecido al de Adrián: no tengo sobrenombres sino que en general mis cercanos usan un apócope o derivados cercanos de mi nombre. Nunca un Tota, Pocha o Nari... por suerte! Sin embargo, me pareció que podía extender los 'apodos con historia' a los 'nombres con historia'. Y mi nombre tiene una dulce historia: surgió del sueño que mi hermana mayor tuvo la noche anterior a mi nacimiento, un sueño en el que ella tenía una hija. Dado que nací por sorpresa, y el nombre pensado por mis padres se lo llevó mi hermana gemela, mis padres decidieron ponerme el nombre que mi hermana daba a su hija en su sueño. Me gustó enterarme un día que ese había sido el origen.

    ResponderEliminar
  8. ¡Bienvenida mircalla :[!
    Por supuesto que podías extender las historias a los nombres. Ya lo dijiste vos: muy dulce la historia del tuyo.
    Por otra parte, espero que tu hermana gemela no se haya llevado el nombre muy lejos. Habráse visto...
    Saludos.

    ResponderEliminar